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Arte
Ramón Ayala Artista plástico, escritor, cantante

El maestro Ramón Ayala, artista plástico, escritor, cantante, mítico compositor de El mensú, El cosechero, Posadeña linda y otros tantos clásicos del cancionero popular Argentino nos regala en esta oportunidad su poesía; inspirado en su provincia natal, Misiones, tierra roja de selvas devoradoras de caminos, donde todos los colores se funden en pájaros y flores y los ríos que se derraman por estruendosas cataratas señalan la ultima frontera con el Paraguay y el Brasil.

De: Juan de los caminos

Desde mi chacra en el monte
a orillas del Uruguay
- semillas de soledad-
surco, arado, bueyes, hombre;
iba la vida en sus goces
por el rumbo de los días.
Fronteras de agua se abrían
en fuga hacia el horizonte
y en crepúsculos de cobre
el alma hacia el ser volvía.


Como sombra en los terrones,
como pájaro en la selva
el palpitar de la tierra

era, por vainas y flores,
un despertar en los bordes
del país, junto al Brasil,
un temblor en el latir
Una gracia en las vertientes;
sudores, trabajo, vientre
del día en su intenso añil.

La tarde, inmenso lapacho
molía polvos de cobre;
y sobre las estaciones
alfombradas en el barro,
un arriero con su canto
se perdía en las picadas,
buscando tal vez el alma
del monte, en el soñoliento
camino, como un bostezo
de la siesta macerada.

Garganterío de sapos
cerrazones de los valles.
Voces de la tierra, ayes
como emanados de un cántaro
traían de los espacios
secretas señales, preces,
alientos de bocas verdes,
mensajes de un más allá
con humores de la sal
por el viento en altas hélices.

El mandiocal, viejos botes
el caballo, el tacuaral,
la mujer que amé y no está
perdida en desolaciones,
el surco, el arado, odres
de las cosechas paridas,
eran por la chacra en filas
como brazos de la tierra
en el sueño y la contienda
del trabajo y la porfía.

Los caícos empeñados
en restingas y enchorradas
iban por mareas altas
del Uruguay, a los Saltos
y las crecientes abajo,
como una inmensa jangada,
oleaje y peces lanzaban
hacia el horizonte-enigma.
Cielo, selva, agua y clima
Pugnaban dentro del alma.

Atado a la madre tierra,
al silencio, al viejo río
con el amor y el hocico
de un coatí de la selva,
transitábamos la arena
como dos sombras perdidas
en monte y playa amarilla
- plata de pez o agua fresca-
al sabor de la frontera
entre canoas y fijas.

De la alta luz taguató,
de la pelea en el cielo,
la muerte marrón en vértigos
giraba su quemazón.
Ráfagas de pluma y sol
precipitaban la vida,
cayendo a plomo morían
picoteándose en las crestas
garras, ojos, fuego, estela
tintas en sangre vertida.

Tendía el río su manto
brumas de sol, restinga.
Un cachapé a las orillas
del agua llevaba el árbol,
como si del monte el canto
le arrancaran con la vida.
Troncos abuelos partían
siguiendo el curso en las bandas
navegando en las distancias,
solemnes de muerte indigna.

Sombras de noche y caballo.
con acento brasileño
traían cachaza y vuelcos
de los troncos derrumbados
llegaban del monte al canto
del urutaú en asombros.
Árboles en pleno robo
hacia el Uruguay cayendo,
rostros y aires mostrencos
de los bandidos astrosos.

 

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